Cadena_LoretoMuñoz

Cadena de favores

«Seguir aportando nuestro granito en este mundo, poco a poco, que lo demás irá viniendo»

Un buen amigo.

 

 

Hace poco me dijo un amigo que, ante respuestas negativas de ciertas personas, lo que nos queda es «seguir aportando nuestro granito en este mundo, poco a poco, que lo demás irá viniendo». No estuve para nada en desacuerdo con él.

 

Me detuve por un momento y pensé en las catástrofes que nos rodean. Bueno, que nos rodean a lo lejos; en las primeras portadas de los periódicos, en los primeros titulares de los medios de comunicación. Catástrofes que pasan y que siguen pasando. Al fin y al cabo, todos mis problemas se reducen a problemas del llamado primer mundo. Y es ahí cuando mis problemas dejaron de ser grandes problemas o problemas, sin más.

 

La evolución nunca se detiene, aunque venga en dosis pequeñas.

 

Recuerdo aquel gran hombre que un día me pagó la entrada al autobús en Londres. No, no llevaba la oyster cargada y pensaba que sí. En Londres sólo se puede pagar a través de esa tarjeta. Y no, no se puede pagar en efectivo. Me pilló de sorpresa. Las estaciones ya estaban cerradas por lo que ir al cajero y recargar la tarjeta resultó imposible.

 

No obstante, lo que me encontré fue algo mejor; un hombre desconocido haciendo cola trás de mí pagando la libra y media que costaba mi viaje hasta casa.

 

¿Por qué algo mejor?

 

¿Has visto Cadena de favores? Me recordó a esa película. No sabía qué pasado tenía aquel hombre extraño y desconocido, pero me recordó a esa película. —¿Por qué me está pagando el ticket aquel hombre?— me pregunté. Le dije que gracias, pero que no hacía falta, que iría andando y que estaría bien.

 

Eran solo quince minutos andando lo que me llevaba de la estación de metro a la puerta de mi casa, como hacía todos los días, aunque aquel día llovía a cántaros (especialmente aquel día, aún estando en Londres).

 

El caso es que aquel hombre insistió y pagó mi pase. Nunca olvidaré sus palabras, aquellas que hicieron que mi corazón tuviera un pequeño sobresalto. Sobresalto al escuchar —No pasa nada, pásalo por alto—, seguido de un —o pásalo al siguiente la próxima vez, no worries—.

 

Aquel hombre hizo un gesto de generosidad que lo agradeceré siempre. Un gesto altruista que hizo que me ahorrara ir bajo la lluvia aquella noche y enseñó la bondad desinteresada del ser humano.

 

Desde entonces pienso en este hecho. Algo tan sencillo, pero tan complicado a veces de ver.

 

La primera vez que ví algo así en la ciudad de Londres. Me resultó llamativo en una ciudad donde la gente va y viene y el mismo ritmo acelerado del día a día te hace olvidar al de al lado.

 

Fue la primera vez, pero no la última.

 

Por eso, cuando aquel amigo mio me dijo esa frase, me acordé de todas aquellas personas que, por alguna razón que nunca sabré, me enseñaron que hay también respuestas o momentos positivos e inesperados cuando menos lo esperas.

 

Por cierto, Londres es terriblemente grande, pero eso le hace también especial pues entre los millones de gente que la habitan, hay miles dispuestas a ayudarte sin tan siquiera la necesidad de preguntar tú primero.

 

Con cariño,

~ Rocío Eme ~

 

***

Foto: cadena de Loreto Muñoz

*Por cierto, si tú también tienes tu propia reflexión sobre este tema, deja un comentario o compártelo en tus redes sociales 🙂

 

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