Cadena Corazones - Lisboa

Cuando Eliges Quererte a Ti Mismo

Hace unos días quedé con una amiga para tomar unas cañas. Teníamos que ponernos un poco bastante al día. Este ritmo de vida que llevamos no es bueno, los días se pasan volando y las semanas aún más.

 

Al rato apareció mi hermana y como quien no quiere la cosa empezaron a hablar de lo importante que es quererse a uno mismo. Mientras las escuchaba recordaba aquel artículo que tenía entre manos sobre el valor de la autenticidad y lo relevante que me parece aún más en los días que corren. Un tema que me ha venido persiguiendo en los últimos meses, y años. Debido, además, por la cantidad de personas tan diferentes que he ido conociendo en los distintos países en los que he vivido y empresas para las que he trabajado.

 

A todo esto, les pregunto que si les apetece que escriba sobre ello en mis próximos posts (más carita feliz) y, por supuesto, me dijeron que sí.

 

Así que mi reflexión de hoy va sobre estos dos temas, la autenticidad y el quererse a uno mismo, que puestos en conjunto cobran aún más sentido el uno con el otro. Puestos desde un plano profesional y llegando al plano personal, o viceversa. Porque estos dos planos no pueden ser el uno sin el otro, y el otro sin el uno.

 

Pero tú quién eres

Cuando llega ese momento de buscar trabajo y marcar cierta diferencia con el resto (con el resto de candidatos a tal puesto de trabajo) es inevitable, que al sentarte frente al ordenador, no hagas un reflexión sobre quién eres, qué has hecho hasta ese día, qué habilidades personales y profesionales has ido adquiriendo, qué estás buscando para ganarte la vida y, sobre todo, por qué estás buscando ese trabajo en particular. ¿Es solo por el dinero? No lo creo…

 

Cada vez hay más como tú haciendo lo mismo que tú. Es normal, ¿no? Un mundo que cada vez es más competente y más globalizado.

 

Los trabajos no tienen por qué definirnos, pero sí marcan el transcurso de nuestra vida. Porque nos guste o no, implican la mayor parte de nuestras horas semanales. Y es, por tanto, que adquiere importancia en nosotros mismos y en cómo vivimos nuestra vida.

 

¿Qué hay, entonces, que difiere de ti con ese otro candidato?, ¿ese alguien que ni siquiera conoces, aunque intuyes por las características profesionales/ generacionales que se supone de base uno ha de tener?

 

El ser tú, ¿no? La autenticidad.

 

Tú con tus más y tus menos, tú con tus fortalezas y debilidades, tú con tus éxitos y tus derrotas. Al fin y al cabo, tú y tus circunstancias. Tú y tus experiencias.

 

Venga, vale, vamos a conocernos mejor

Todo esto me lleva a la autenticidad de uno mismo, a quererse uno mismo tal y como es. A respetarse, valorarse y aceptarse con sus virtudes y defectos.

 

En un plano laboral, cualquier cosa se puede ir adquiriendo con tiempo y destreza, pero ¿qué ocurre en el plano personal?

 

Quererse a uno mismo es principal, va por delante de cualquier cosa. Y también permite un desarrollo con el tiempo.

 

Quererse a uno mismo implica conocerse a uno mismo, y no es fácil. A veces, y como decía más arriba, el ritmo de la vida nos hace aplazar millones de cosas y creo que, entre ellas, está esa de conocerse a uno mismo.

 

Reflexionar sobre uno, sobre sus días, sobre lo que uno hace y no hace. Reflexionar también sobre eso que vas aplazando o procrastinando y sobre aquello otro que no aplazas y que te envuelve en tu día a día.

 

Creo que es importante el ser conscientes de quienes somos y hacia dónde vamos. De nuestros objetivos personales y profesionales. Creo que así uno puede llegar a más gente.

 

El quererse a uno mismo, tal y como es, creo que es un trabajo diario y que comienza en la reflexión y desencadena en la autenticidad de uno mismo. En el descubrimiento constante de uno, en la búsqueda de tu verdad.

 

Mostrarse tal y como uno es y liberarse de cualquier estigma social. Ser como uno es, independientemente de en qué ambiente está o se mueve. Esto puede llevarnos incluso a infravalorarnos y estar dejando de lado aspectos inestimables de nuestra propia personalidad.

 

¿No crees que si fuéramos más auténticos con nosotros mismos nos querríamos más y más cada día?

 

La autenticidad no es más que la verdad. La verdad sobre ti. La honestidad hacía tu persona. Y quererse con todas las verdades puede resultar hasta difícil, porque hay ciertas cosas en las que nos gustaría ser diferentes, o mejores, o más habilidosos. Pero eso también es bueno; bueno el querer lo que no nos gusta de uno mismo, y sentir que es parte de nosotros. Aceptarlo. Siempre hay tiempo para seguir trabajando en nuestro desarrollo personal.

 

Así que ¿no crees que si reflexionáramos más llegaríamos más a la verdad y, por tanto, más a nuestra propia autenticidad y así nos querríamos más?

 

Porque cuando eres tú, a pesar de cualquier factor que pueda estar influyendo, habrá llegado ese momento en el que te has elegido quererte a tí, y eso no tiene precio.

 

Nuestra esencia

Al final cuando uno es auténtico es fiel a sus valores, a sus creencias y sentimientos, a sus pensamientos y conductas.

 

Cuando uno es auténtico ha de reconocer sus errores y sus debilidades y aquellas amenazas, que si lo pensamos en frío, vienen directamente de las creencias de uno mismo (o de lo que nos han enseñado o dicho desde pequeños o desde la cultura de donde venimos).

 

Creo que cada vez más uno ha de seguir y perseguir su propia autenticidad. Tu verdadero yo; consciente de tu yo pasado, de tu yo presente y de aquel yo futuro que quieres y que vas construyendo poco a poco, cada día o cada semana.

 

O en cada trago de vida.

 

Somos la suma de muchas cosas, y como nadie vive tu vida, nunca seremos igual que el otro. Pensamos distinto, sentimos distinto. Vivimos experiencias iguales pero las sentimos diferente porque las vivimos nosotros. Y nadie más. Por lo que esas mismas experiencias son diferente. Ni más ni menos.

 

La autenticidad, la verdad sobre ti mismo, y por tanto, tu identidad no es más que un conjunto de datos e informaciones a cerca de ti que te definen como persona y que te distinguen de otra. Y aunque todos, en definitiva somos iguales porque somos humanos, hay algo que nos hace diferentes entre nosotros y eso es justamente nuestra esencia y espíritu.

 

Asúmelo y acéptalo: nunca vas a gustar a todo el mundo

Todo esto me ha recordado estos años viviendo en otros países y trabajando con personas con distintas personalidades, culturas, idiomas, educación y trayectoria profesional.

 

La gran mayoría de personas que más me han sorprendido y de las que más respeto y admiración he sentido, y con las que he tenido y tengo una gran amistad, han sido de aquellas que se mostraban tal y como eran; con sus virtudes y sus defectos y realzando aquellas virtudes (o considerados virtudes para ellos) y no escondiendo sus defectos (o considerando éstos como defectos para ellos). Es decir, aquellos que eran honestos.

 

Además, que cuando uno no es honesto se nota a leguas.

 

A todo esto, asumámoslo y aceptemos que nunca vamos a gustar a todo el mundo. ¿Y qué si ese otro piensa diferente?, ¿y qué? Podríamos dejar de quejarnos tanto sobre lo que piensa aquel u el otro aquel, para empezar a aceptarnos como somos y a respetar al de delante, al de al lado y al que está detrás.

 

Quiérete y eso se proyectará en el otro. No te escondas a ser quien eres y atrévete. Que la vida ya es corta como para andarse con rodeos.

 

Para terminar, te dejo más abajo con un fragmento de un gran compañero de su libro Humanofobia.

Foto de portada: cadena de corazones en Lisboa

 

Abrazos fuertes,

Rocio Eme~

 

Quiérete

«Y si no consigues amar todos tus vicios por mucho que te esfuerces,
simplemente cámbialos por otros.
La vida es terriblemente corta y hay un sinfín de errores por cometer»

Juan Galgo, Humanofobia

 

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Envío una recopilación de lo que he estado haciendo,

¿nos vemos dentro? 

 

Curiosa e inconformista - Abriendo caminos y creando los mios

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