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Los 2 Pasos Que Me Llevaron a Vivir en Londres

Después de un par de meses llevando a cabo mi plan B para aprender y mejorar mi nivel de inglés, empezaba a ver sus frutos y en mi tercer mes fue cuando cerré mi próximo trabajo en Inglaterra.

 

Mi primera parada fue viajar a Irlanda, donde pasé mis tres meses gloriosos en la ciudad de Galway. Estudiaba de lunes a viernes (dividiendo el tiempo de estudio en gramática, reading, listening y speaking) hasta que encontré mi nuevo trabajo como aupair.

 

¿Destino?

Inglaterra, un paso más cerca de Londres, ciudad en la que siempre había querido vivir. No llegaría allí hasta 7 meses después porque primero me esperaba una temporada al sur del país.

En cualquier caso, mi plan B para aprender inglés sin gastar un duro más en clases tradicionales para de una vez por todas poder usarlo y comunicarme con él, funcionó.

 

Un puesto como au pair en un pueblo en las profundidades de Surrey sería la elección ganadora.

Lo que me esperaba era un niño de 6 años al que cuidar de lunes a viernes, vivir en un habitáculo de 3 metros cuadrados en el piso de arriba (compartiendo casa con él y su madre) y un sueldo de 80 libras semanales.

 

 

En las profundidades del condado de Surrey

Aquel pueblecito situado en el condado de Surrey estaba lleno de casas al más puro estilo british. Puestas en hileras, veías pequeñas casas con puertas de todos los colores. En medio del pueblo estaba la estación de tren, con comunicación a las ciudades de los alrededores y con un tren directo a la ciudad de Londres (dato importante). Esto siempre me gustó; poder ir al sitio más recóndito de todo Inglaterra era posible con el tren nacional. Allí las comunicaciones de transporte son bastante buenas. Es algo que siempre facilita la vida de alguien que no dispone de coche.

 

En mitad de aquello, además de una cafetería para tomar breakfast inglés y enviar y recibir el correo por carta, estaba el colegio al que acudían todos los niños de aquella localidad.

 

A un lado del pueblo estaba situado un gran supermercado y en el lado opuesto el campo militar, donde yo vivía. Encontrar soldados por todos lados allí era algo cotidiano. Mucho más en mi caso, pues la madre del niño al que cuidaba era soldado de la armada inglesa.

 

Un canal cruzaba por mitad del pueblo, con pequeños puentes entre los lados para ir en bici o andando.

 

Allí los árboles actuaban como muralla y los ciervos como animales de compañía nocturna. Eran indefensos, de hecho yo creo que se asustaban más ellos que tú al verlos. Aunque he de reconocer que al volver a casa tarde, siempre anduve con 40 ojos en mi cara y a la espalda por si tenía que salir corriendo. 🙂

 

Lo cierto es que nada sería igual si no hubiera terminado en aquel recóndito lugar de Inglaterra. Lo odié con todas mis fuerzas al principio, pero lo disfrutaba cada vez más, mes tras mes. No me gustaba vivir allí en un principio pues me vi sin nada que hacer, aislada de la civilización, sin tiendas, gente o coches alrededor, pero encontré lo bueno. Me daba tranquilidad y sosiego, rincones al lado del canal para leer o descansar en silencio.

Básicamente aquel pueblo trajo la serenidad que necesitaba. Luego siempre tenía Londres a 40 minutos cada fin de semana. 😉

 

 

Mi rutina

Cuidaba del niño durante seis horas diarias y estudiaba un par de horas mientras él estaba en el colegio. Me organicé un tandem con una señora inglesa muy maja y comprometida a aprender español (todas las semanas no reuníamos, la hora cambiaba pero cumplíamos religiosamente) y los fines de semana los dedicaba a viajar, ir a Londres o a explorar aquella zona con el resto de aupairs.

 

Conseguí mi trabajo como au pair a través de aupairworld.com. Varias videoconferencias programadas durante más de dos semanas dieron como resultado final dos ofertas de trabajo: una seria allí en Galway, Irlanda, y la otra en Woking, Inlgaterra. Esta página web es muy popular y tiene una extensa red de contactos de familias y aupairs. La página además tiene muchos filtros para que tu búsqueda sea más ajustada a tus expectativas.

Mi decisión fue tomada: Woking, a 40 minutos de Londres.

 

 

Memorias de Galway

Algo en mí sabía que tenía que dejar aquel sitio y que, aunque tuve oportunidades de trabajo allí, decidí irme y comprarme un billete dirección a Inglaterra, pues como te contaba al principio siempre tuve en mente el vivir en Londres.

 

El avión estaba a punto de despegar cuando tuve un flashback. No podía evitarlo. Imagen tras imagen se pasaban por mi cabeza, como una especie de contrucción de puzzle del que ya sabes el resultado.

 

Irme era la elección y seguir mi camino hacia Inglaterra la otra. Mi meta seguía siendo Londres.

 

 

Mi experiencia como aupair

El tema de ser au pair ha sido bastante controvertido. Yo en mi caso siempre tuve libertad. Como te decía, tenía un horario de seis horas diarias de lunes a viernes y era responsable únicamente del cuidado de un niño. Y digo únicamente porque había amigas, y otras historias que conocí durante el camino, que trabajan más horas, con el triple de niños y cobraban igual o 20 libras más por semana.

 

Aupairworld.com te permite seguir una serie de filtros que te pueden ayudar a encontrar una familia que se ajuste más a tus necesidades. Si pretendes aprender inglés, que es normalmente el principal motivo de cualquier persona que desempeñe el trabajo de au pair, búscate una familia que te permita llevar a cabo tu objetivo. Todos tenemos que ganar algo, y hay familias que se olvidaban de esto.

 

Despedirme de aquel niño no fue fácil tampoco, pero tenía de nuevo que tomar la determinación de seguir hacia delante.

 

Londres sería siete meses después mi próximo destino. Cuidar de tres niños en la zona 4 de Londres sería mi siguiente responsabilidad, y aunque mi deseo y necesidad era cambiar de trabajo y enfocarme más en mi rama profesional, el poder ganar más dinero y vivir en mi propia habitación compartiendo piso con gente de mi edad hacía aquel paso más atractivo y me permitía seguir hacia delante.

 

«Poco a poco», pensé.

 

De aupair pasaría a ser nanny, un puesto bien reconocido en Inglaterra (por cierto).

 

En mi experiencia, cuando fuí aupair siempre me dieron libertad de movimiento. La madre era consciente que era una chica de 24 años en un país nuevo con ganas de aprender el idioma, la cultura y de disfrutar y pasarlo bien. Era responsable y cuidaba de su hijo. Luego, en mi tiempo libre «haz lo que quieras», decía.

 

Conocí historias muy buenas e historias muy malas e injustas, rompiendo las esperanzas de muchos aupairs que iban al país ilusionados y aún cumpliendo con sus responsabilidades y más, tuvieron que salir del país porque no les quedaba otra.

 

En mi caso, fue cuando anuncié mi ida que las cosas se torcieron. No me daban dos semanas para salir de la casa, sino una semana porque «como yo había encontrado otro trabajo, nosotros hemos encontrado otra au pair para sustituirte y no tienes dos semanas (como se estableció y comprobé a través de la ley europea), sino tienes una para salir de la casa», me anunciaron un viernes.

 

No, no me fui a la semana. El domingo hice mis maletas y dejé aquella casa y aquel pueblo.

 

Tus decisiones pueden verse torcidas por la toma de decisiones de otros o por sus actos, pero siempre hay más de una opción, ¿no?

 

Desde entonces siempre pienso si volveré a ver a Nathan, aquel niño de seis años y lleno de vida.

 

No vemos en el siguiente post.

 

Un abrazo,
Rocío Eme ~

 

Envío una recopilación de lo que he estado haciendo,

¿nos vemos dentro? 

Curiosa e inconformista - Abriendo caminos y creando los mios

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