historicDistrict_Fresasconkiwi.com

La renuncia

Take care and all the best for your future

[Relato]

 

Era un mes de estos muy fríos. Esos en los que se te quedan las manos heladas hasta con los guantes puentos. Aunque algunos rayos de sol se dejaban ver a primera hora de la mañana.

 

Aquel friolero día sería cuanto menos para recordar el resto de su día, y no solo por ese frío infernal.

 

Esperando a que su ordenador se preparase para comenzar su día laboral, le preguntaba a uno de sus jefes si podían reunirse en algún momento libre que tuviera del día.

 

Tenía algo importante que decirle.

 

La cabeza del jefe hacía ciertos movimientos de arriba a abajo, lo cual le indicaban a ella que sí, que el meeting que tanto había esperado tendría lugar. Esos movimientos eran seguidos de un «después del café —mientras su dedo índice de la mano izquierda daba vueltas sobre sí—».

 

Después del café significaba la espera de unas dos ó tres horas tras el programado descanso de la mañana y el rastreo de los cientos de clientes que esperaban en cola.

 

La mañana transcurría con normalidad para el resto del equipo y de la empresa. Sin embargo, no para ella. Para ella el tiempo no transcurría tan deprisa. Habían pasado unos cuantos años desde que puso su primer pie en ese país. Empezó sacrificando su tiempo libre haciendo un trabajo que le daba para ganarse unos euros al final de semana, bajo temporadas de frío y heladas de nieve. Una experiencia laboral que le enseñaría mucho y le daría las principales razones para luchar por sus sueños.

 

Una hora después de haber comenzado la jornada, decidió prepararse un café y bajar a fumar un cigarrillo.

 

Su cabeza seguía dándole vueltas al hecho de su decisión. Decisión tomada, por supuesto. No había vuelta atrás.

 

Entre calada y calada, sorbo y sorbo de café, allí de pie junto a la puerta principal de las oficinas en las que trabajaba, su mente seguía dando vueltas. Imágenes y momentos no paraban de cruzar por su cabeza. Habían sido años muy duros, pero también muy reconfortantes. Saber que había llegado hasta allí le satisfacía de orgullo por dentro.

 

Un viaje que comenzó con la idea de un año, se convirtió en más años. Su sueño de los 20 lo había hecho realidad; había vivido en aquella gran ciudad que siempre había soñado, aprendido un segundo idioma y trabajado para multinacionales de diversos sectores.

 

Calada tras calada, su cabeza no paraba de funcionar, de ir de un lado a otro. «¿Por qué no puedo no pensar en nada? Mi decisión ya está tomada, —se dijo así misma—». Un miedo estremecedor se metía por su estómago. Le faltaba un poco el aire.

 

Tiró el cigarrillo.

 

La mañana seguía transcurriendo con normalidad. Seguía sentada en su escritorio, frente al ordenador y su lista de clientes, aquellos que no paraban de llamar y solicitar su ayuda. Un  gran número que le permitía, al menos, estar ocupada durante el día, pero cuanto menos duplicar sus números al final de la jornada por la falta de entusiasmo.  Si su número de clientes no se mantenía le llegaría ese «take care and all the best for your future» y nunca más volverían a verse.

 

¡Qué alivio!

 

Te contaba que su mañana transcurría con normalidad cuando vió la mano de su jefe haciéndole una señal. El momento esperado había llegado. Se levantó y juntos anduvieron hacía una de las salas de reuniones.

 

Fue rápido y con algo de dolor. De ese que notas bajando hasta las piernas. O, quizás, era causa de ese frío infernal de aquel día.

 

Fue rápido y claro, directo.

 

«Me voy», dijo ella.

«¿¡Cómo!?», contestó él.

Y continuó, «Sí, me voy. He decidido que dejo la empresa y me voy del país. Me vuelvo al mío». La cara del jefe era cuanto menos sorprendente, así como desconcertante.

 

La verdad es que ella nunca llegó a entender a ese Manager muy bien (ni él probablemente tampoco a ella).

 

«Gracias que no fue para toda su vida», se dijo en su vuelo de vuelta. Aunque recordó bastante bien que, llegados a un punto de aquella conversación que tanto meditó con su almohada, pudo ver que en el fondo y tras esa camisa bien planchada y colocada de aquel hombre condescendiente junto con su tenacidad y el sinsentido en muchas de sus palabras, se encontraba un hombre con empatía.

 

Y fue aquí cuando recordó aquella frase que un día leyó: Si pudiéramos mirar en el corazón del otro y entender los desafíos a los que cada uno se enfrenta a diario, creo que nos trataríamos los unos a los otros con más gentileza, paciencia, tolerancia y cuidado.

 

Lo sorprendente fue quizás dejar aquella empresa. Aquel motivo por el que emprendió años atras ese viaje, ese viaje fuera de sus fronteras. Un motivo que le mantuvo desde que era joven, un sueño por cumplir. Porque después de todo, después de haber trabajo en uno de los mayores centros financieros del mundo, haberse dejado la piel y su tiempo labrando cada esquina de su currículum, llegó el día en que tuvo que decir ya basta.

 

Así que lo hizo. Y dijo adiós.

 

Para ella fue suficiente. Decidió irse antes de que le quitaran el alma. Porque cuando un sueño es cumplido, solo queda seguir mirando hacía delante y vislumbrar aquellos otros que te esperan.

 

Antes de aquel día donde todo su mundo llegaría a su final, hubo una noche en la que llamó a su hermana y sin contener las lágrimas le contó todo y que se iba.

 

Y consiguió consuelo.

Y entendimiento.

 

Era una sensación extraña. Algo en su interior sabía que su momento en aquella maravillosa ciudad, y dolorosa, había terminado.

 

Era triste saber que esa etapa de su vida había llegado a su fín. Pero sabía que había llegado.

 

Y compró su billete de vuelta.

 

En sus recuerdos siempre estará su libertad. Aquella que le hizo seguir adelante y encontrar oportunidades nuevas que le hacían estar más cerca de lo que buscaba.

 

Y lo encontró.

Lo logró.

 

***

 

¿Qué te ha parecido este relato? 🙂

Ya sabes que puedes encontrar más sobre Fresas con Kiwi en La Macedonia de Reflexiones y en Facebook.

~ Rocío Eme ~

 

 

Curiosa e inconformista - Abriendo caminos y creando los mios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


- Relato -

3 testimonios reales

Empezar de Cero,

Construir tus Propios Caminos,

Avanzar