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Miedo a lo desconocido

« Todos los momentos de incertidumbre me han hecho aprender un poco más de mí»

 

Hace poco hablaba con mi padre sobre el miedo a lo desconocido y el miedo que puede provocar tal desconocimiento sobre nosotros.

 

No le quito razón alguna de que existe ese miedo a la incertidumbre. Lo entiendo. Lo entiendo y no le quito razón, pero hizo que mi cabeza volara en esos minutos de conversación a través del tiempo.

 

Me ví a mi misma en todas aquellas situaciones de incertidumbre en las que me he visto al estar viviendo en el extranjero. Muchas de ellas, sin tenerme más que a mí misma alrededor. Aunque no hay que irse muy lejos para vivir un episodio así, el hecho de ser una inmigrante puede llegar a dificultarlo todo un poco más.

 

En esos minutos en que mi cabeza recordaba aquellos episodios, sentí que el miedo dejó de ser miedo hacía tiempo.

 

De hecho, sentí todo lo que había aprendido de aquellos episodios de desconocimiento e inquietud, que no fue más que el hecho de ser un poco más previsora y que, por mucho que uno planee ciertas cosas, luego está el factor X, el ajeno, el que está fuera de nuestra imaginación y nuestro propio yo, que va y viene.

 

Una pequeña mueca de satisfacción aparecía en mi rostro.

 

Creo que siempre hay un por qué sobre las cosas y que normalmente existen ciertas y limitadas opciones sobre las que desemboca una acción, episodio o momento.

 

Lo verdaderamente importante es que somos nosotros los que damos respuesta ante tales resultados. Porque, aunque por más que queramos empeñarnos, hay hechos que se escapan de nuestras manos y que son como son en ese momento porque así lo son.

 

Creo que somos nosotros, justo ahí en la respuesta a esos resultados, donde entramos en escena. Una escena a la que puedes darle tantos ángulos como quieras.

 

Siempre hay más de una opción; siempre hay más de un resultado cuando aún estamos dentro de ese desconocimiento y, por tanto, siempre hay más de una respuesta.

 

Siempre hay más de una, pero dentro de un círculo limitado.

 

Siempre estamos nosotros para pensar con previo aviso sobre la actitud ante las distintos resultados que se puedan ocasionar, con nuestras respuestas.

 

Hace poco escribía sobre la toma de decisiones, esas decisiones que nosotros tomamos, pero también mencionaba aquellas situaciones que nos vienen dadas por la toma de decisiones de otros. Estas últimas no están efectivamente en la palma de nuestra mano, pero lo que sí está es el darle una previa- respuesta ante los posibles efectos y anteponernos a ellos con nuestras respuestas y actitudes. Y, por ende, aprender a controlar la etapa de incertidumbre.

 

Para ser sinceros, hace unos años odiaba la incertidumbre. Te lo prometo, no me gustaba nada, en absoluto, principalmente porque me hacía sentir estar perdiendo control sobre la situación. Lo que también es cierto es que me he visto forzada a aprender de ella (y sigo aprendiendo de ella) y me enseña a valorar otras opciones y darle distintas posibles perspectivas.

 

Lo cierto es que cada vez me gusta más esto de no saber qué puede ocurrir. Incluso soñar o planear nuevas historias que no me hubiera planteado de no haber estado en ese estado de desconcierto.

 

Porque, hasta ese momento, tan sólo estamos ante un momento de incertidumbre y lo que hoy puede ser una amenaza, mañana puede ser una oportunidad.

 

Sin lugar a dudas, todos los momentos de incertidumbre me han hecho aprender un poco más de mí y bienvenidos todos los que aún me quedan por vivir, ¿y a tí?

 

Con cariño,
~ Rocío Eme ~

 

***

Foto: tomada en el Camino Portugués de la Costa, nombre del Camino de Santiago en Portugal, que hice hace unos meses y que te cuento más en detalle en esta entrada del blog.

Curiosa e inconformista - Abriendo caminos y creando los mios

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