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Mis 5 días por el Camino Portugués de la Costa – Capítulo 2

Como te contaba, mis días por aquella parte del país del bacalao, las sardinas y las bifanas dieron para mucho, y tuve de todo un poco desde el primer día.

 

Ya te contaba en el capítulo 1 de mis 5 días por el Camino Portugués de la Costa porqué hice el Camino de Santiago, por qué empecé desde Porto, la ruta que planeé, el kit de imprecindibles y aspectos destacados después del viaje para tenerlos en cuenta la segunda parte de mi Camino Portugués de la Costa. Porque pienso continuarlo, y llegar hasta la meta: Santiago de Compostela.

 

Día #1 –Lisboa – Porto

 

1) Recogida de Credencial del Peregrino
Destino: Catedral de Oporto. La libreta es gratuita y te dan también una serie de mapas de albergues/ hostales en los que quedarte a pasar la noche en las distintas localidades por las que pasas para llegar hasta Santiago. Junto al nombre de estos albergues, te marcan teléfono, horarios y precios medios por noche.
Por cierto, esta Catedral data del siglo XII, desde allí las vistas son espectaculares. Las vistas desde uno de los lados enseña el casco antiguo de Porto. Puedes ver los edificios y las casitas con fachadas de colores, con ese punto antiguo pero con encanto que también se ve por toda Lisboa.

 

2) Búsqueda de hostal para pasar la noche
Resultó curioso pues el albergue era en realidad una casita refugio que se encontraba bajando la colina frente al puente. Una vez pagada la noche, dejé mis cosas, y me fuí a dar un paseo por la ciudad. Aquella casita da albergue a un total de 8 personas.

 

3) Paseo nocturno por Porto
Suerte la mia que en plena plaza central había organizado un market con música en directo, así que no podría aburrirme.
Tomé algo e hice un par de amigos portugueses de la zona. La chica sabía hablar español, como la mayoría de los portugueses, por lo que practicar mi portugués quedó de nuevo en un segundo plano. Fue divertido conocerlos, me contaron alguna que otra anécdota de la ciudad y pronto volví al hostal, que al día siguiente empezaría lo bueno.

 

Día #2 –Porto – Labruge

 

– 6.30 am suena el despertador
– 7.00 am todo listo, empieza el camino
– Programación:

Direccion: Porto – Labruge
Distancia: 18 km
Tiempo: 4 horas

 

Recuerdo que mi primer día estuvo lleno de altibajos. Mis ganas de andar siempre fueron las mismas y después de un par de horas, mi ritmo era cada vez mejor. Ahora en cuanto a la preparación del viaje vi que había tenido alguna que otras lagunas que no había considerado del todo bien. Y lo fui viendo a lo largo de esos 18 km y 4 horas.

 

Había terminado de comer. Me tumbé en la playa a echarme la siesta. Un dolor en el pie se hacía cada vez más profundo. Estaba muy cansada. Había pasado de no andar nada, solo los 5 minutos que me llevaban llegar al metro y nada más a pasar a andar 18 km seguidos… Usé el paragüas como sombrilla y lo clavé en la arena. Justo me situé entre rocas y no muy alejada de la orilla porque me gusta que me dé el aire de cerca.

 

Llevaba una media hora entrando en sueño cuando una ola me arrasó… Abrí los ojos, cogí el móvil y me levanté de un plumazo. Los vaqueros cortos que llevaba no se secarían hasta cuatro días después que los metí en la secadora de mi casa. La humedad por aquella parte del país hace un tanto complicado secar algunas prendas. Imagínate el olor que fueron cogiendo los vaqueros a medida que pasaban los días… Putrefacto se quedaba corto…

 

Me quedé un rato más a secarme en la playa y después me fui al chiringuito más cercano. El dolor en el pie era cada vez más agudo así que se lo comenté a uno de los camareros. Los socorristas me dieron pomada y me llevaron en coche hasta el albergue.

 

Una buena y bonita tendinitis me acompañaría el resto de los días.

 

Ah, aquella noche y mientras me ponía algo de hielo en el pie, conocí a un señor canadiense que me dió algún que otro consejo sobre prevenir y tratar la tendinitis. Aquel hombre me contó que era la quinta vez que hacía el Camino de Santiago. Esta vez viajaba con su hija. Su ciudad favorita de todo el mundo me dijo que había sido León. Si es que España siempre tiene algo bonito.

 

Día #3 –Labruge – Póvoa de Varzim

 

– 7.30 am suena el despertador
– 8.00 am todo listo, empieza el camino
– Programación:
Direccion: Labruge – Póvoa de Varzim
Distancia: 14 km
Tiempo: 4 horas

 

De este día destaco a la chica de República Checa que conocí en mitad del camino.

 

Ella también empezó su camino desde Porto, aunque su salida comenzó en Praga con destino Valencia. Ella hacia el camino entero desde Porto hasta Santiago. Nos conocimos en mitad de la caminata y recuerdo que me contó lo mucho que le gustaba España y su experiencia como aupair años atras que duró unos meses de verano.

 

Aquella tarde la pasamos juntas, además de un italiano que se unió a nosotras para tomar algo en la playa.

 

Ellos se fueron a descansar, aunque yo opté por quedarme algo más en la playa y ver el atarceder. Después me fui a un restaurante y me comí uno de los mejores arroces caldosos desde que vivía allí o quizás que mi cuerpo no paraba de pedirme carbohidratos.

 

Recuerdo dormir como un bebé aquella noche.

Mi pie seguía con dolores, pero ese segundo día lo tomé con mayor tranquilidad, hice más paradas (de ahí que tardase algo más de lo que se podría hacer a paso ligero) y disfruté más del paisaje.

 

Día #4 –Póvoa de Varzim – Marinhas

 

– 7.30 am suena el despertador
– 8.00 am todo listo, empieza el camino
– Programación:
Direccion: Póvoa de Varzim – Marinhas
Distancia: 22 km
Tiempo: 4 horas y media

 

Cuando llegué al albergue me encontré con bastante gente con la que había coincidido a lo largo de los días; con los que cruzas algunas palabras, otroscon los que te cuentas algunas historias del pasado y otros con los que simplemente compartes opiniones sobre el camino y sus albegues y destinos.

 

Aquel día mi amiga caminante la checa y yo coincidimos en el mismo albergue. He de decir que llegados a un punto, yo tuve que sosegar mi ritmo. El pie nunca me dejó de doler, pero siempre tuve claro que empecé el camino para llevarlo hasta el final.

 

Así que a diferencia de otros, me lo tomé más pausadamente. Esto es otra de las cosas que más me gustó. Cada uno lleva su camino, su ruta, su ritmo. Hay momentos para compartirlos y hay otros para vivirlos a tu manera y de modo personal. Siempre quedaría el albergue para contar lo vivido y salir a por alguna cerveza fresca para compartir esos momentos. Así que esa tarde, la checa y yo nos fuimos a un restaurante- bar de Marinhas. Probablemente el único de la zona. Era una especie de zona residencial, llena de portugueses y alemanes, por cierto.

 

Tomamos algo y fuimos a la playa. Aquella playa fue una de las más bonitas que ví.

 

Día #5 –Marinhas – Viana do Castelo

 

– 7.30 am suena el despertador
– 8.00 am todo listo, empieza el camino
– Programación:
Direccion: Marinhas – Viana do Castelo
Distancia: 19 km
Tiempo: 4 horas

 

Última mañana. Último tramo y todo terminaría hasta la segunda parte.

 

Estaba agotada, muy cansada, mi cuerpo se había hecho algo más resistente, pero la tendinitis en mi pie me decía más a menudo de hacer un break.

 

Aquella mañana fue genial, no obstante. Todos con los que había ido coincidiendo, me los iba encontrando poco a poco. Las últimas dos horas las hicimos un grupo de cinco, que en los días previos habíamos compartido albergue u otro esporádico momento durante la caminata.

 

Cruzamos un puente cuyo viento recuerdo fue más incómodo que mi propia tendinitis, pero lo cruzamos y llegamos: Viana do Castelo.

 

Tuve que despedirme con el resto del grupo, ya que ellos se iban al albergue y yo a la parada de autobuses con dirección Lisboa. Mi camino había llegado a su fin.

 

Les dí el mapa que llevaba usando desde el principio, con albergues e información sobre las distintas rutas, nos dimos un abrazo y las mejores de las suertes. Esto fue quizás el momento más triste de todos. Aunque fueron algunos días, horas o simples momentos, se siente una especie de tristeza porque el camino que vais siguiendo juntos o separados, llega un momento en que termina. Y ya solo queda la experiencia y los recuerdos.

 

***

 

Conclusiones de mis días haciendo sola el Camino de Santiago por la Costa Portuguesa

El Camino de Santigado es para todos los públicos. Da igual de donde vengas, siempre uno lo disfruta si tiene la actitud. Tienes que estar dispuesto a dormir en sitios aleatorios, desconocidos y fuera de tu zona de confort. No hay sitio que sea mejor que otro, hay sitios que haces que sean mejor que otros.

 

Conoces a gente de todo el mundo, porque allí la única regla que existe es andar y llegar a tu destino. Y disfrutar de tu camino. Un destino que puede ser visto de una manera u otra. Un camino que es hecho de una manera u otra. Un camino que tiene el sentido que tú le quieras dar.

 

Días antes de hacerlo, hablaba con un amigo ateo que me decía que había sido la mejor de sus experiencias. Un camino que había empezado y terminado en 6 días, pero que lo reengancharía en un par de meses después hasta llegar a Santiago. Amigos religiosos y no religiosos también me contaron sus experiencias. Todos coincidían en que es una experiencia que si puedes, debes hacerla al menos una vez en tu vida.

 

Fueron cuatro días muy bien aprovechados. Me pasó un poco de todo, pero nada malo. Lo reconozco, algo de miedo pasé pero fue en una ocasión en la que al pasar por una de las playas muy temprano, sentí que el mar podría alcanzarme y nadie estaría para ver mi muerte :O

 

A parte de este tramo, que no fue largo, aunque sí intenso, el resto estuvo fuera de peligro. Si te soy sincera, me encantó ver el mar en estado puro. Caía la lluvia fina y hacía frío, pero fue buena adrenalina a primera hora de la mañana. Después de eso, no había banco que me detuviese y estuve andando durante cuatro horas sin parar.

 

Y, por último, quería también contarte que cuando uno viaja solo siempre hay una parte de desarrollo personal mucho más amplio que si lo hace en grupo. Avivas ciertos instintos por el mero y simple hecho de que estás tú y después tú en toda esa experiencia de viaje. Aunque siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo y es que el mundo está lleno de gente más buena y amable que de lo contrario, y que si necesitas ayuda siempre habrá alguien que esté ahí para echarte una mano. Por lo que aunque viajes solo, nunca estarás en realidad solo.

 

Espero poder contarte dentro de poco mi segunda parte del Caminho Portugues da Costa y haber podido llegar hasta la meta.

 

¿Y tú ya lo has hecho o estás pensando en hacerlo?

Cuéntanos abajo en los comentarios o comparte con algún amigo que crees que puede interesarle.

 

Con cariño,
Rocío Eme~

 

PD: Foto tomada de uno de los albergues, me encantó la decoración!

 

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