Ventana_PedroTolosa

La Pareja del Sexto

El ritual siempre fue el mismo para él.

[Relato: Esta es una historia basada en hechos reales]

 

 

Miércoles

Aquella tarde el sol brillaba en el cielo de Lisboa.

 

Las últimas semanas habían estado protagonizadas por fuertes lluvias que hacía que la gente estuviera en sus casas a resguardo.

 

María decidió ir a tomar algo tras el trabajo y disfrutar de aquella buena y soleada tarde. Además, aquel día fue verdaderamente provechoso en el trabajo y se sentía llena de vida.

 

El cielo abierto duró menos de lo que esperaba, por lo que María llegó a casa a la hora de cenar.

 

Al menos disfrutó de un par de horas en buena compañía. Mientras preparaba la cena aprovechaba a ordenar su habitación. Llevaba unos días catastróficos, como el vaivén del sol en la capital portuguesa. Se había mudado recientemente, así que continuaba desempaquetando y ordenando su nuevo dormitorio.

 

Su habitación parece haber sido un antiguo salón de estar. En ambos extremos hay dos ventanales que dan a una pequeña terraza. El techo simula a antiguos decorados del siglo de oro. Justo esa tarde, María decide mantener los ventanales abiertos. La humedad en aquella época del año es agotadora.

 

María estaba colgando su ropa en el perchero cuando se percata que los vecinos de enfrente están demasiado cerca. Es capaz de ver todo lo que hacen. Hay vecinos que no dejan tiempo a la intimidad y comparten su día a día con el resto.

 

Cerró los ventanales.

 

Jueves

La noche anterior María no había podido dormir bien. Ese jueves en el trabajo le resultó de lo más complicado. Descansar es para ella lo más importante. No le importa dormir poco, le importa dormir bien.

 

Terminó su jornada laboral y directa se fue a casa. Normalmente camina unos minutos antes de llegar, pero ese día decidió coger el autobús que le deja enfrente de su puerta.

 

Una vez llegó, se preparó un café caliente, se puso el pijama, se alzó el moño en la cabeza, se quitó el maquillaje de los ojos y se dispuso a leer al calor de su manta preferida.

 

Estaba leyendo cuando vio que la pareja del día anterior volvía a salir a la ventana de su dormitorio.

 

Esta vez, vestidos de calle.

 

Se preguntaba si debía bajar la persiana pues no quería ser partícipe de ninguna situación ajena, de nuevo.

 

Bajaron las persianas.

 

 

Viernes

María ha vuelto a no dormir bien. Ha estado todo el día en el trabajo preguntándose por qué ha vuelto a ese estado de insomnio de hace años.

 

La semana ha terminado.

 

Solo necesita estar tranquila y descansar. Comer algo de comida basura, hacer palomitas y ver una película antes de que llegue la noche, y dormir a pierna suelta.

 

Aquella tarde volvía a llover a cántaros, y el viento se había levantado de nuevo a destajo.

 

A María le gusta la luz del día. Más aún con los dos ventales de los que goza en su nueva habitación. La luz del día pega prácticamente a todas horas en su cuarto. En aquella tarde decidió dejar una de las ventanas entreabiertas y que pasara algo de aire.

 

Todavía no era tarde, cuando María escucha que los vecinos de enfrente están al otro lado; entre arrumacos, disfrutan de sus caladas al cigarro.

 

De nuevo, a María le surge la duda de si cerrar su ventana o no.

 

El sol ya se había puesto, por lo que las cerró sin mayor contemplación.

 

 

Sábado

María ha dormido todo lo que necesitaba y  más.

 

Los vecinos siguen con las persianas sin bajar.

 

Espera, el chico que lleva viendo toda la semana es el mismo, pero qué le ocurre a ella.

 

María se da cuenta que la chica que hay hoy en la habitación es muy diferente a la que vió en los últimos días. Se va a la cocina, se prepara un café y unas tostadas.

 

Mientras desayuna se da cuenta que en realidad la chica de hoy es diferente a la de ayer, y la de ayer también diferente a la que vió en esa semana, y la semana anterior.

 

 

Domingo

La resaca de María es infernal. La noche del sábado había estado de celebración de cumpleaños.

 

Gran noche, muy divertida.

 

María se levanta en busca de un jersey que le resguarde del frío. De nuevo la temperatura ha bajado. Bienvenido de nuevo resfriado.

 

Vuelve a la cama y trata de dormir un par de horas más. Aún le quedan unas horas para la comida que ha organizado con unos amigos. Hace tiempo que no se ven.

 

Cuando llega a casa observa, a través de las ventanas cerradas y a plena luz del día, que el vecino de enfrente camina recto a su ventana desde la cama mientras le da un billete a la chica que está al otro lado.

 

Hoy María no puede dejar de mirar.

 

Ambos se fuman un cigarro mientras charlan.

 

María y su intriga continúan mirando al otro lado.

 

Empezó a hacer cábalas y llegó a la conclusión de que, efectivamente, el vecino de enfrente siempre había sido el mismo y que la chica dejó de ser la misma en los últimos días.

 

El ritual siempre fue el mismo para él. Chica por la mañana, chica por la tarde, cigarro en la ventana y al día siquiente vuelta a empezar.

 

En la tarde del lunes, la ventana del vecino de enfrente era ocupada por un chico grandón, con barba pelirroja y sujetaba un botellín de cerveza en su mano izquierda. La derecha la ocupaba un cigarrillo con el que jugaba entre sus dedos mientras hablaba con el vecino de enfrente al otro lado de la habitación.

 

Ya al día siguiente, la habitación era ocupada por aquella chica morena, de pelo largo y rasgos marcados que vió en los días anteriores al fín de semana.

 

Esta vez estaba sola.

 

Ya en miércoles, la chica morena se disponía a ver una película con palomitas. Sola.

 

En la tarde del jueves las persianas bajadas protagonizaban la fachada del bloque. Y así en los días siguientes.

 

Una semana después las persianas siguen bajadas.

 

De vez en cuando se ve a una señora con moño, bajita y regordeta paseando por la casa acompañada de un par de personas.

 

¿Nuevos inquilinos?

 

***

 

Foto: Ventana | Pedro Tolosa – Me encanta esta foto y no querría dejar de lado a su autor

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