Solía escribir de vez en cuando. Solía hacerlo a escondidas o a plena luz del día. Solía escribir de día, de noche, en el autobús o en el metro. Solía hacerlo en cualquier momento que quisiera, que sintiera, que me diera la gana.

Solía escribir con boli y lápices de colores. Solía escribir (casi) golpeando el teclado del ordenador que tomaba prestado, tratando de no dejar que mis pensamientos fueran más rápidos que los movimientos de mis dedos.

Y este solía, sigue siendo…

Ahora, en tiempos de #covid19, sigo haciéndolo. Más tiempo, más oportunidades para centrarnos en aquello que nos gusta, que nos entretiene, que nos hace descansar, relajarnos.

Para ti te dejo 5 nuevos microrrelatos. Cuentos bien cortitos, de esos que no superan las 100 palabras. Y si te apetece seguir leyendo, justo abajo tienes el resto de series.

Abrazos enormes y fuertes.

A cuidarse mucho,

Rocío~

Pic – Algunos perros y yo en Madrid


#26 – Hambre

Tenía mucha hambre. No sabía cómo ni porqué había llegado hasta ahí. Decidió seguir andando. Bajo ese sol. Bajo esa especie de humedad pegajosa. Gota tras gota seguía andando. Qué más da lo de fuera, si lo de dentro lo tengo vacío, pensó. Seguía teniendo hambre, pero seguía andando. Andando sobre aquella tierra seca. Sin zapatos y solo sobre la suela de la de la constancia. De las ansias. Seguir andando para llegar hasta el pozo. Con agua. Con vida. Para él y toda su familia.

#27 – A la Luz de la Luna

Ruidos de lado a lado eran los sonidos de cada noche, como si la madera que conformaba las paredes de la casa cobrara vida a la luz de la luna. Desde la habitación del final del pasillo entraban fuertes corrientes de aire. Mientras el viento susurraba un suave silbido, una fina neblina disipaba las vistas. Juraba haber visto a alguien, aunque no podía alcanzar a distinguir aquella silueta robusta a lo lejos. Se escuchó un fuerte golpe, se dio la vuelta y segundos después alguien le agarraba de la mano. —Clara, ¿estás bien? Llevas un rato gritando en la cama.—

#28 – Un Recuerdo y Dos Corazones

Habían pasado meses de aquellos encuentros fugaces, repentinos y casuales. De sus ojos con los suyos. Él la solía mirar. Luego le siguió ella. Él solía trabajar en la construcción, ella en oficinas. Se encontraron una noche. Una fiesta de verano, bajo treinta grados de temperatura, una cerveza y una ronda de chupitos. Un verano de por medio y muchas lunas sin dormir. Juntos. Semanas después se produjo un hasta luego y una sonrisa firmaba una carta de esperanza. Ahora solo queda un papel arrugado, muchos recuerdos y dos corazones rotos.

#29 – Promesas

Se dijo así mismo que jamás volvería a coger un tren en su vida. Aquel accidente fatídico en el que perdió a la mujer de su vida, le hizo hacerse esa promesa para siempre. Lo que ocurriría años después, no lo sabía. No podía esperarlo. Allí. En la estación de trenes de la ciudad, un día cualquiera la conoció. Justamente allí. En aquella misma estación, mientras espera la llegada de sus nietos. Entre choques de maletas se produjo el primer contacto. Entre choques de suspiros se producen nuevas promesas y esperanzas.

#30 – Perfume

Le resultaba familiar ese olor a perfume. Sumergido en sus propios pensamientos, podías ver cómo la gente avanzaba a lo largo de la cola dejándole fuera de turno y sometido a todo aislamiento social. Seguía dándole vueltas. Cabizbajo y con los ojos perdidos en sus recuerdos, veía a su hermano a lo lejos, sentado en el regazo de su madre; escuchando atento ciertas indicaciones, con una tez casi incolora, ojos brillosos, piernas juntas y manos cruzadas. Ahora era él, en su regazo, apoyando su cabeza bajo su hombro, adormilado con su perfume, tratando de asimilar aquella información.

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Escribo My 3-Ones (cada 2 viernes)

y respondo preguntas de aquellos que están, como yo, abriendo sus propios caminos,

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