Pic of mine – 1 día por Asturias

#36 – Verbenas

Ya es verano. Hemos organizado un plan bastante apetitoso. Mañana nos veremos todos a las diez de la mañana en el reloj central de la plaza. Todos listos para ir a pasar un día entre agua, cartas y buena comida. Como todos los años, en este día no importa si vas solo o acompañado. Cuantos más mejor, cuantos menos peor. Nevera en mano, toalla, bañador y sandalias colgados sobre tu espalda y, sobre todo, ganas, muchas ganas de pasarlo bien. Mañana será día de verbena. Cuando la música suene, las sonrisas vuelen y la vida fluya.

#37 – Almohadas

Cuarenta almohadas distribuidas por toda la casa; diez regaladas durante los últimos dos años, veinticinco compradas en los rastrillos del barrio. Las cinco restantes fueron regalos de su madre. Había algo que le hacía a su madre amar las almohadas. No por su comodidad, sino por cuanto vestían las habitaciones. Con una especie de magia; de esas que alegran el espíritu. De ese que se respira entre cuatro paredes; que se escapa por las puertas, que se arrima a ti y te susurra que la vida son colores. Los mismos que rodean las cuarenta almohadas.

#38 – Bailando bajo el Sol

Aún se veía el rocío sobre las hojas de las flores. Hoy olía a primavera, se respiraba el olor a césped recién cortado. Cogió la derecha, dirección a su lugar favorito. Después cogió la izquierda y empezó a caminar recto. Cerró lo ojos siguiendo el ritmo de sus pasos. Bajo el sol, que seguía brillando como a primera hora, sus pies daban los primeros revoloteos, cruzando las piernas entre ellas, al compás de sus pensamientos. Entre el vaivén de sus pies, recto por el camino del sosiego, respirando a bocanadas de esperanza, exhalaba a golpe de sonrisas.

#39 – Rebajas

Las rebajas ya están aquí, gritaban entre ellos. Vamos que nos quedamos sin la chaqueta tan bonita de pana que tan bien me quedan con los vaqueros que me compré el mes pasado, decía uno de ellos. Pero, ¿y si no está el color que quiero?, decía otro. A ver no importa son rebajas, siempre podremos pillar alguna otra cosa, replicaban por detrás. Se dispersaron. Se encontraron y compartieron todo lo que habían comprado. Triste por no haber encontrado su chaqueta de pana, enseñaba con orgullo el resto de chaquetas y camisetas que se había comprado en su lugar.

#40Loco de atar

Cierto desconcierto le hacía no saber si lo que pensaba era real. En la última cita con el médico le habían dicho que su tratamiento iba mejor, pero él no lo creía y sabía que tenía que dejar de tomar aquellas malditas pastillas. No había medicina que eliminara aquello que vio, ni siquiera la curandera que le habían recomendado. Aún le quedaba esperanza, aunque ya no sentía ningún recóndito de ilusión. La noche en que la vio a su lado, lo entendió todo. Ya no había vuelta atrás. No estaba loco de atar, estaba muerto.


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Escribo My 3-Ones (cada 2 viernes)

y respondo preguntas de aquellos que están, como yo, abriendo sus propios caminos,

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