Pic – Yo en Galway city

Han pasado ya algunos años desde que decidí salir de España para conocer otros países, otras ciudades, gente de otros sitios y, sobre todo, para mejorar lo que era mi nivel de inglés.


No todo era diversión al principio, ya que mi nivel de inglés era bastante pobre y podía comunicarme lo justo y necesario para hacer las compras diarias, tomar alguna cerveza y poco más.

El caso es que mi primer motivo para salir de España no fue otro que mejorar mi inglés. Y aunque ya te he contado que opté por no acceder al sistema tradicional para aprender el idioma sin tener que pagar ni un duro más, hoy quería hablar contigo sobre los beneficios de no hacerlo y hacer aquello por lo que opte: voluntariado.

Me negaba a seguir pagando por unas clases que ya había tenido en mi época del colegio, bajo un tipo de enseñanza de hace siglos y bajo unos libros que contenían ejercicios de hace siglos.

Estaba en el país nativo, solo tenía que salir y ponerme a hablar con ellos. Además cuanto antes lo hiciera y más veces lo hiciera, más rápido aprendería y antes volvería a España a dedicarme a aquello que había estudiado y que tanto me gustaba. Aunque ya te he contado que eso no acabó allí y le siguieron unos cuantos años más. Tan mal no me lo pasaba 🙂

Así que bueno, vayamos al grano y hablemos sobre los beneficios que yo tuve y creo que uno tiene cuando viaja al extranjero y aprende el idioma (en mi caso el inglés, pero puede ser aplicable a cualquier otro) mientras haces voluntariado:

#1 – Reducir gastos

No te voy a engañar, lo primero que se me vino a la cabeza fue reducir los gastos económicos. Estaba cansada de tener que seguir pagando por clases de inglés después de haber estado durante años recibiendo clases en el colegio y que mi nivel siguiera siendo medio y sobre todo, que mi nivel de comunicación verbal siguiera siendo tan poco fluido.

No conocía ni conozco a nadie que tenga fluidez en el idioma después de salir del colegio a los 17 años. Aquí en España ha sido un poco así. No nos engañemos. Aunque un sistema que puedo ver, a través de mi sobrinos de 3 a 8 años, que está cambiando. Gracias.

Así que lo cierto que lo que empezó por no querer pagar por más clases tradicionales, me llevo a pensar en la idea de apuntarme a una organización sin ánimo de lucro y colaborar en actividades locales para ayudar a quien lo necesitaba.

Además, me fui a pasar aquel verano al país de la lluvia sin un trabajo, sino como estudiando, y eso ya suponía un gasto. Estaba en el país nativo, solo tenía que salir y ponerme a escuchar y a hablar con ellos. ¿Qué mas se puede pedir? ¡Clases gratis! Que por esto mismo aquí en España se pide una media de 20 euros por hora.

#2 – Aprender mientras haces una labor social

Como te decía más arriba, no fue lo primero que pensé, pero sí lo segundo. Joder, si estoy en el país nativo y puedo practicar con ellos cuando quiera, ¿por qué no hacer algo por ellos mientras tanto?

Así que fue así como, junto con el planfleto que me habían dado por la calle sobre una de las mejores escuelas para estudiantes de inglés, me puse a buscar una alternativa.

Encontré el Centro de Voluntarios de Galway y allí que me presenté.

Una mujer irlandesa algo mayor y encantadora, me estuvo explicando el funcionamiento. Rellenó el formulario con mis datos, opté a las opciones que más me interesaban y quedé a la espera.

En muy pocos días ya tenía las actividades de voluntariado asignadas.

Al final del siguiente post y, dándole clic aquí, las organizaciones para las que colaboré y qué hice.

#3 – Conocimiento social e inmersión cultural

Está claro que si eres voluntario en laborales sociales de tal localidad, el conocimiento sobre la gente que la habita, sus costumbres, sus formas de vivir y su cultura aumentan.

La inmersión cultural es brutal. A nivel social y a nivel lingüístico.

Un idioma se aprende haciendo inmersión, y cuanta más inmersión haya, más entiendes por qué son como son y por qué hablan como hablan. Las formas gramaticales, su estructura y sus formas de comunicación con los demás.

Esa parte de desarrollo de la sensibilidad social y, sobre todo, la consciencia sobre otras realidades y sobre aquellos que de verdad están en necesidad de ayuda, es seguro lo que más se lleva uno después de participar en actividades de este tipo.

Hay tanta gente que necesita de otros, que cuando uno no está en esa necesidad no es consciente y nos olvidamos de que siempre hay otros que de verdad están sufriendo y pasándolo mál en su día a día.

Mi mayor ejemplo en aquellos días, fue mi participación en colaborar en una casa de acogida de mujeres maltratadas y con pocos recursos económicos. La mayoría con hijos a su cargo. Nuestra colaboración no fue más que pintar alguna de las habitaciones en las que dormian y hacerlas más acogedoras para ellas y sus hijos.

Lo que para nosotros era entretenimiento, aprendizaje y socialización, para otros era cobijo, bienestar y tranquilidad.

#4 – Primeros pasos en el idioma

Ser voluntario te permite tener ciertas ventajas en estos ambientes. Está claro que principalmente estás ahí para ayudar, así que no importa cómo de bien hables. Importa que ayudes. Y para eso tampoco hace falta hablar como Shakespeare.

Claramente te ayuda a superar el miedo a hablar en inglés (o cualquier otro idioma que quieras estar aprendiendo) ya que nadie está ahí para valorar cómo hablas, sino para compartir un momento de ayuda y colaboración.

En mi caso, también me encontré con una inglesa que llevaba tiempo queriendo mejorar su nivel de español, así que mientras hacíamos nuestras labores de voluntariado, hablábamos tanto en inglés como en español. De aquí salió uno de esos tandem que tuve en mi estancia en Galway.

Lo importante aquí es mejorar la comprensión y conversación en el otro idioma. Así que aprovechar la actividad para aprender otro vocabulario y su pronunciación es lo que también deberías hacer en estos casos.

#5 – Adquieres conocimientos de diversas áreas

En mi caso participé en actividades de voluntariado durante tres meses, así que me apuntaba a varias y de distintas áreas.

Si vas a estar más de una semana, pregunta a los organizadores y pídeles consejo. O simplemente haz como yo y apúntate a todo aquello que más te llame la atención y vaya contigo. Luego siempre puedes ver qué tal va. No hay nada ni nadie que te obligue a ser voluntario.

Mi mayor sorpresa fue apuntarme a jardinería y disfrutar haciéndolo más de lo que pensaba. Era relajante y no sabía que la dueña del jardín siempre invitaba a un té con galletas a media mañana. Fue una bonita casualidad.

#6 – Buenas anécdotas y experiencias

Este tipo de actividades y colaboraciones creo que son siempre buenas y provechosas. De algo así no creo que pueda salir algo mal. Todo es positivo. Ayudas a alguien mientras te llevas algo para ti también.

Lo peor que puede ocurrir es que quieras seguir haciéndolo y no encuentres tiempo, o mejor dicho, momento para seguir haciéndolo. Como me lleva ocurriendo a mi en los últimos años…

¿O es solo cuestión de mala organización?

Estoy segura que en poco encontraré alguna actividad de voluntariado que se ajuste a mi trabajo, horarios y demás cosas innesarias que acabaré eludiendo por hacer y lo cambiaré por estas otras que me gustan y me dan más.

Let’s see!

Un abrazo,
Rocío Eme~


¿Alguna vez has hecho este tipo de actividades?

Compartelo más abajo y cuéntanos tu experiencia.

Si hay algo en que pueda ayudarte, también deja un comentario o escríbeme.

Escribo My 3-Ones (cada 2 viernes)

y respondo preguntas de aquellos que están, como yo, abriendo sus propios caminos,

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