Ya No Sé Decir Adiós

Justo ayer volvía de unos días de vacaciones con parte de mi familia y al llegar al aeropuerto pensé en que ya no me gustan las despedidas.

 

Solía pensar en cada despedida.

 

Siempre ocurre lo mismo. El momento de llegada y el momento de salida. Lo que para tí es una salida más, pero no una llegada cualquiera.

 

Vas y vienes.

 

El avión se ha convertido en tu transporte cotidiano y las despedidas antes de llegar a las puertas de embarque parecen sacadas de una película americana.

 

Solían gustarme las despedidas.

 

Ver a esas parejas de amigos, de familiares, de novios agarrándose unos a otros y pensar en cuándo se volverían a ver. En realidad guarda un momento bonito.

 

Pensar que quizás era una despedida para los próximos 14 días o para los próximos 6 meses o, quizás, para siempre.

 

Y es que solía pensar en que eran bonitas, tristes pero bonitas.

 

Pero el solía es pasado. Solía, porque ya no sé decir adiós. Y de igual manera ya no me gustan las despedidas.

 

Las despedidas son más tristes que bonitas, y melancólicas. Aunque sepas que vais a volveros a ver en poco tiempo. Aunque estén fundiéndose en el mayor y más cálidos de los abrazos. Son tristes.

 

Es por eso que ya no digo adiós. Me he pasado a la moda de los «hasta luego».

 

De los reencuentros.

 

Del beso en la mejilla y el «nos vemos en poco, eh!», seguido de una sonrisa. Y seguido y recto hasta el lugar de control. Ya sea autobús, tren o avión.

 

Qué más da, si es que me tengo que ir de nuevo.

 

Porque quiero o porque debo y es lo mejor en mi ahora.

 

Aunque sigue doliendo. Y echando de menos a cada uno de los que dejas atrás.

 

Y a tus raíces.

 

Pero es que tu vida está lejos de allí.

 

Así es que aunque quieras y aunque ya no sepas decir adiós, tu tarjeta de embarque te marca la hora de salida.

 

Pasar unos días en casa, me encanta, ¿sabes? En casa, sí en mi casa de toda la vida. Donde nací y crecí. Dormir en tu cama de siempre, tu almohada de siempre. Entrar por la puerta y respirar ese olor de siempre.

 

Mi casa.
Mi siempre.

 

Porque aunque haya tenido varias casas en estos últimos 5 años viviendo fuera de España, esa siempre será mi casa.

 

Mi casa.
Mi hogar.
Mis raíces.

 

Y no decir adiós ya no me sirve, porque no me gusta y porque siempre será mi llegada. Aunque el ticket de avión me ponga que mi llegada es en otra ciudad, o en otro país.

 

Así es que no me gustan las despedidas y ya no sé decir adiós.

 

Porque no es verdad.

 

Adiós le encontraba mayor sentido cuando era camarera, pero no cuando soy hija o amiga o novia. El adiós no tiene sentido cuando hablo de mi gente, de mi casa, de mi hogar. Porque siempre será mi llegada y no mi salida.

 

Porque, tarde o temprano, siempre volveré a ese mismo lugar. Mi para siempre, mi hasta luego.

 

Nos vemos en la próxima.

Un abrazo,

Rocío Eme~

 

P.D – Esta foto es una que hice justo ayer andando por mi barrio en Lisboa. Me gustan las fachadas, algunas de ellas parecen que se van a caer, y el hecho de que encuentras banderillas de colores por muchos lados. Da vidilla.

 

Envío una recopilación de lo que he estado haciendo,

¿nos vemos dentro? 

Curiosa e inconformista - Abriendo caminos y creando los mios

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